¿Y la voluntad ciudadana?

Cuando hablamos de elecciones y cambio de gobierno en México, un asunto ausente es la voluntad ciudadana. El verdadero deseo de quienes alimentan a la función pública con sus impuestos nunca es respetado o tomado en cuenta, y es que suelen ganar los compromisos políticos, el compadrazgo, el nepotismo y la corrupción.

2018 es un año electoral, los partidos están tirando sus cartas para gobernadores, senadores, diputados y presidente, y los ciudadanos siguen perdiendo por mucho en su derecho de elegir a los funcionarios.

Los gobernadores que hoy están en función ya están usando recursos públicos para apoyar a quienes les van a suceder según sus propias conveniencias; no les conviene que quede el enemigo en un estado donde, seguramente, dejarán cuentas pendientes.

Miguel Ángel Yunes Linares, actual gobernador de Veracruz, está haciéndole campaña a Miguel Ángel Yunes Márquez, su hijo y candidato a sucederlo por la coalición “Por Veracruz al Frente”.

Es más que obvio el uso de recursos económicos y de relaciones que Yunes Linares está haciendo para lograr que su hijo quede como gobernador en ese estado. Si eso sucediera, de alguna manera se perpetuaría su mandato, violando la ley con guante blanco.

Manuel Velasco, gobernador de Chiapas, fue acusado de desviar recursos para la campaña de Rosalinda López en Villahermosa, Tabasco.

¿Qué tenían que hacer los recursos de Chiapas en Tabasco? La respuesta está en la relación que tienen Velasco y Rutilio Escandón, quien hoy es candidato al gobierno chiapaneco y esposo de Rosalinda.

Y como los dos casos anteriores bastantes más porque en México es una costumbre usar los cargos públicos para hacer proselitismo político, sin importar que incluso la ley tenga sus reservas al respecto.

¿Si ellos son los funcionarios, que ejercen la ley, quién les va a decir que no lo hagan?